Por Claudio Pairoba
Una de las visiones más interesantes de la epigenética es aquella que la ubica como un puente entre lo heredado, fijo, inmutable (la genética) y lo vivido, cambiante y dinámico (el ambiente). Esta visión hace que lo determinado por los genes no esté escrito en piedra sino que sea algo que puede cambiarse a lo largo de nuestra vida.
Sabemos que los genes están formados por secuencias de ADN, por lo que también podemos decir que la epigenética es el proceso biológico a través del cual se producen cambios en la expresión génica sin alterar estas secuencias. Este proceso tiene una regulación dinámica que responde a señales internas (hormonas y neurotransmisores, metabolismo celular y envejecimiento) y externas (nutrición, estrés y factores psicológicos, factores tóxicos y contaminantes, y actividad física).
El ambiente aparece, entonces, como un modulador biológico. Como ya mencionamos, factores tan diversos como estrés psicológico, nutrición, toxinas, relaciones sociales y estilo de vida influyen en cómo nuestros genes se expresan. Tenemos más control del que suponíamos.
Una interesante revisión de 180 trabajos publicada en 2026 por Catherine Jensen Peña (Profesora Asistente de Neurociencia en el Instituto de Neurociencia de Princeton, donde dirige su propio laboratorio de investigación) permite conocer el estado de situación de este tema. Veamos algunos puntos destacados de su publicación.




.jpg)

