Por Claudio Pairoba
Una de las visiones más interesantes de la epigenética es aquella que la ubica como un puente entre lo heredado, fijo, inmutable (la genética) y lo vivido, cambiante y dinámico (el ambiente). Esta visión hace que lo determinado por los genes no esté escrito en piedra sino que sea algo que puede cambiarse a lo largo de nuestra vida.
Sabemos que los genes están formados por secuencias de ADN, por lo que también podemos decir que la epigenética es el proceso biológico a través del cual se producen cambios en la expresión génica sin alterar estas secuencias. Este proceso tiene una regulación dinámica que responde a señales internas (hormonas y neurotransmisores, metabolismo celular y envejecimiento) y externas (nutrición, estrés y factores psicológicos, factores tóxicos y contaminantes, y actividad física).
El ambiente aparece, entonces, como un modulador biológico. Como ya mencionamos, factores tan diversos como estrés psicológico, nutrición, toxinas, relaciones sociales y estilo de vida influyen en cómo nuestros genes se expresan. Tenemos más control del que suponíamos.
Una interesante revisión de 180 trabajos publicada en 2026 por Catherine Jensen Peña (Profesora Asistente de Neurociencia en el Instituto de Neurociencia de Princeton, donde dirige su propio laboratorio de investigación) permite conocer el estado de situación de este tema. Veamos algunos puntos destacados de su publicación.
Tres sistemas clave
Hablar de epigenética implica estudiar los agregados a la secuencia de ADN, los cuales pueden darse a través de tres mecanismos.
Consiste en la adición de grupos metilo (moléculas pequeñas formadas por un átomo de carbono y tres de hidrógeno) al ADN, lo que generalmente reduce la expresión génica. Este proceso es necesario, por ejemplo, para la formación y mantenimiento de los recuerdos. La metilación en el cerebro puede ser estable pero también dinámica y responde a la actividad neuronal y al ambiente. Según indica un trabajo del 2016, la actividad neuronal y las experiencias en comportamiento afectan el proceso de metilación del ADN.
2. Modificaciones de la cromatina (histonas)
Este mecanismo determina si el ADN está “abierto” (activo) o “cerrado” (silenciado). Por ejemplo, la acetilación (agregado del grupo químico acetilo) activa genes mientras que ciertas metilaciones los reprimen.
3. ARN no codificante
Estas moléculas (por ejemplo, microARN) regulan la traducción (cuando el ARN es leído por una maquinaria para producir proteínas) de genes pudiendo afectar múltiples genes simultáneamente.
Estos mecanismos interactúan entre sí y permiten una regulación extremadamente compleja del desarrollo cerebral.
Epigenética y desarrollo cerebral
Entonces, la epigenética funciona como un “regulador fino” (no un interruptor on/off), ajustando cuánto y cuándo se expresan los genes. Cuando nos centramos en el cerebro podemos decir que el cerebro y su epigenoma no están completamente formados al nacer.
Nos internamos entonces en el fascinante mundo del desarrollo postnatal del epigenoma cerebral. Este proceso de maduración epigenética tiene algunas características específicas: continúa durante la infancia y la adolescencia siendo además específico según tipo celular y región cerebral. En humanos, la maduración se estabiliza alrededor de la adolescencia.
Durante este período se observa un refinamiento de los circuitos neuronales, una consolidación de los patrones de expresión génica y el establecimiento de las capacidades cognitivas y emocionales.
Esta ventana prolongada del desarrollo es crítica ya que también implica alta vulnerabilidad a factores ambientales, como el estrés temprano. Profundizaremos en breve este punto.
Epigenética y plasticidad cerebral
Hablar de plasticidad cerebral (la capacidad de aprender y adaptarse) implica reconocer que está profundamente regulada por la epigenética.
Esto se debe a que hay períodos sensibles y críticos, entendiendo como tales a las ventanas temporales donde el cerebro es especialmente moldeable en las áreas del lenguaje, la visión y los vínculos afectivos.
La epigenética participa en esta plasticidad abriendo y cerrando estas ventanas de plasticidad, regulando cuándo el cerebro es más adaptable.
Un ejemplo clave de esta situación son los cambios en metilación que pueden “cerrar” períodos críticos. Inhibiendo esos mecanismos se puede reabrir la plasticidad en adultos.
Si bien dijimos que la mayor parte del desarrollo ocurre de manera temprana, vale la pena recalcar que la plasticidad se puede dar a lo largo de toda nuestra vida. Las neuronas mantienen su capacidad de adaptación y la actividad neuronal modifica continuamente el epigenoma. Este es un concepto clave donde se conectan aprendizaje, experiencia y biología molecular.
Estrés temprano y calidad de vida
Cuando hablamos de estrés temprano nos estamos refiriendo a factores como abuso o negligencia, pobreza, violencia y pérdida de cuidadores. Más del 50 % de los niños experimentan al menos una forma de estrés temprano, de acuerdo a la revisión de Jensen Peña.
Entre los efectos epigenéticos de este estrés temprano se mencionan la modificación de la expresión génica de forma duradera, la afectación de los sistemas de respuesta al estrés y un incremento del riesgo de trastornos psiquiátricos.
El enlace entre estrés y “herida biológica” (la marca que queda en el cuerpo) se da a través de tres genes clave:
NR3C1 (receptor de glucocorticoides como el cortisol)
Se expresa ampliamente en casi todos los tejidos y células del cuerpo humano. Es el que regula la respuesta al estrés. Una mayor metilación de este gen lleva a una menor regulación y por ende a una mayor reactividad al estrés.
FKBP5
Su expresión varía según el tejido, siendo abundante en cerebro, tejido adiposo, linfocitos y el músculo esquelético. Modula la sensibilidad al cortisol y sus cambios epigenéticos aumentan vulnerabilidad al estrés.
BDNF (Factor neurotrófico derivado del cerebro)
Tiene una expresión mucho más restringida. Se expresa principalmente en el sistema nervioso central (fundamentalmente en el hipocampo y la corteza cerebral), así como en el músculo esquelético y en ciertas células del sistema inmune, pero no en la gran mayoría de los tejidos corporales.
Es un gen fundamental para plasticidad y aprendizaje. Se ha observado que el estrés reduce su expresión mediante cambios epigenéticos. Si hablamos de alimentación, los arándanos estimulan la producción de la proteína asociada a este gen, un excelente ejemplo de como la nutrición afecta la epigenética.
Los cambios en estos tres genes explican cómo experiencias tempranas “quedan grabadas” biológicamente.
De esta manera, el impacto del estrés depende fuertemente de cuándo ocurre. La primera infancia (0–3 años) es el momento de mayor impacto epigenético y diferentes etapas afectan distintos sistemas cerebrales.
Esto sugiere que existen “períodos sensibles” también para el daño ambiental, no solo para el aprendizaje. Existen ventanas para efectos positivos y negativos.
Cambios globales y envejecimiento epigenético
Más allá de sus efectos sobre el desarrollo cerebral, el estrés temprano produce cambios a escala del genoma. Los mismos se manifiestan como alteraciones en miles de sitios de metilación llevando a una reorganización del epigenoma completo.
Vale la pena remarcar que las situaciones descriptas causan un envejecimiento epigenético acelerado. En otras palabras, el estrés temprano acelera el “reloj biológico”. Este fenómeno está asociado con telómeros más cortos y un mayor riesgo de enfermedades mentales y físicas.
Una interpretación interesante de la revisión de Jensen Peña es que estas manifestaciones podrían ser una adaptación evolutiva (madurar más rápido en entornos adversos) pero con costos a largo plazo.
Espacios de plasticidad, resiliencia e intervenciones
Una de las conclusiones más relevantes y esperanzadoras del trabajo de Jensen Peña concluye que los efectos epigenéticos del estrés no son completamente irreversibles.
Existen factores protectores como entornos positivos, vínculos afectivos, el apoyo social y las intervenciones tempranas.
Por ejemplo, se ha detectado daño epigenético en niños institucionalizados pero el cuidado de calidad lo revirtió parcialmente. Esto está en línea con la idea de que un trato amoroso y la creación de un ambiente seguro pueden ser enormemente sanadores.
Esta posibilidad de revertir los cambios epigenéticos abre el espacio a posibles intervenciones tales como enriquecimiento ambiental, ejercicio y estrategias psicosociales.
Tratamientos farmacológicos
Como cierre, destaquemos que existen fármacos epigenéticos pero los mismos son poco específicos para uso clínico en la actualidad. Tal vez, la investigación más avanzada se centra en fármacos para el tratamiento del cáncer. Recordemos que las causas fundamentales de esta enfermedad son las mutaciones del ADN (alteraciones de su secuencia) y también las modificaciones epigenéticas, donde genes existentes se activan o desactivan llevando a la multiplicación celular descontrolada, base del cáncer.
Para recordar
La epigenética es central en el desarrollo cerebral, coordinando la expresión génica en tiempo y espacio. El cerebro es altamente plástico, pero vulnerable, especialmente durante la infancia y adolescencia. Un punto clave es que el ambiente deja huellas biológicas duraderas de manera que el estrés temprano se “codifica” en el epigenoma. Estas huellas afectan la salud mental, aumentando el riesgo de depresión, ansiedad y otros trastornos.
Afortunadamente, existe potencial de reversibilidad y las intervenciones adecuadas pueden modificar trayectorias que antes parecían inevitables.
Soy bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Máster en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature. Estratega de Reinvención Escuela Hacer Historia - UMSA.
Referencias
Jensen Peña, C. (2026). Epigenetic Regulation of Brain Development, Plasticity, and Response to Early-life Stress. Neuropsychopharmacology 51:5–15; https://doi.org/10.1038/s41386-025-02179-z
Metilación del ADN
https://www.instagram.com/reel/DPByuF7jcIi/?hl=en
Majid Fotuhi, neurólogo: “Como cada día yogur con arándanos porque estimulan la producción de BDNF, la mejor proteína que conocemos para el cerebro”
https://www.directoalpaladar.com/salud/majid-fotuhi-neurologo-como-cada-dia-yogur-arandanos-porque-estimulan-produccion-bdnf-mejor-proteina-que-conocemos-para-cerebro
FKBP5 polymorphisms induce differential glucocorticoid responsiveness in primary CNS cells – First insights from novel humanized mice
https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC7894319/
El BDNF como modulador de la plasticidad sináptica neo y paleocorticalmecanismos moleculares implicados en el mantenimiento de la memoria
https://dialnet.unirioja.es/servlet/tesis?codigo=391474
Bdnf y músculo esquelético
https://produccioncientifica.ucm.es/documentos/5e87bd4229995221754ebf64
Tomando responsabilidad por la salud futura
https://planetciencia.blogspot.com/2025/07/tomando-responsabilidad-por-la-salud.html
¿Podemos activar y desactivar el cáncer? Introducción a la epigenética
https://www.roswellpark.org/es/cancertalk/201712/can-we-turn-cancer-introduction-epigenetics
Terapias epigenéticas
https://www.carrerasresearch.org/es/investigacion/terapias-epigeneticas

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