La inteligencia artificial ya selecciona candidatos, organiza tareas, analiza documentos y toma decisiones que afectan nuestra vida laboral. ¿Hasta dónde puede llegar? ¿Quién responde cuando un algoritmo se equivoca? ¿Y qué ocurrirá con abogados y trabajadores en un mundo cada vez más automatizado? Conversamos con Leonardo Poces Stekelberg, abogado especializado en derecho laboral y nuevas tecnologías, sobre una transformación que avanza más rápido que las leyes destinadas a regularla.
Por Claudio Pairoba
La inteligencia artificial dejó hace tiempo de ser una tecnología reservada a laboratorios y especialistas. Hoy está en nuestros teléfonos, interviene en procesos de selección de personal, ayuda a redactar documentos, analiza enormes cantidades de información y comienza a incorporarse también al trabajo de abogados y poderes judiciales.
Pero su expansión abre interrogantes que exceden ampliamente la tecnología. ¿Qué ocurre cuando quien organiza el trabajo ya no es una persona sino un algoritmo? ¿Puede una IA discriminar a un candidato? ¿Qué hacemos con los datos que entregamos a las plataformas? ¿Podemos confiar en un escrito jurídico elaborado con inteligencia artificial?
Para explorar estas preguntas, conversamos con Leonardo Poses Stekelberg, abogado por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), especialista en Derecho laboral, miembro del Poder Judicial de la provincia de Santa Fe y docente de Derecho del Trabajo y la Seguridad Social en la Facultad de Derecho de la UNR. Poses Stekelberg integra, además, el Centro de Estudios sobre Derecho y Nuevas Tecnologías de esa universidad y es creador de Derecho y Algoritmo, un proyecto de divulgación dedicado al análisis de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías aplicadas al ámbito legal.
Cuando se habla de inteligencia artificial y empleo aparece rápidamente el temor al reemplazo. ¿Estamos realmente frente a un futuro con mucho menos trabajo humano?
Yo separaría el tema en tres miradas. Una es la catastrófica: ese futuro distópico en el que la IA y las nuevas tecnologías nos van a dejar sin trabajo y harán desaparecer profesiones y oficios. No creo que eso suceda.
Después tenemos una segunda mirada, la que creo es la real, y que es lo que está pasado y lo que seguirá sucediendo y por último la tercera mirada relacionada con lo que deberíamos hacer.
A la inteligencia artificial le falta justamente esa pata humana que debe participar tanto en su desarrollo como en el control posterior, cuando la tecnología se pone en funcionamiento y se aplica en diferentes ámbitos. Lo que sí estamos viendo es una transformación del trabajo. Y un ejemplo muy claro es el empleo a través de aplicaciones.
¿Qué cambia allí?
Estamos acostumbrados a pensar en el trabajador clásico: alguien que ingresa a una fábrica o establecimiento, tiene un jefe visible, trabaja en un espacio determinado y permanece allí durante gran parte de su vida laboral.
Con las aplicaciones aparece un formato completamente distinto. El trabajador depende de una plataforma y de un algoritmo. Ese algoritmo pasa a ser una especie de jefe, pero es un jefe oculto, que no puede identificarse fácilmente. Es quien imparte órdenes y organiza buena parte de la actividad.
Al mismo tiempo, desde las plataformas se plantea muchas veces que ellas son simplemente intermediarias de servicios. Entonces aparece una situación bastante difusa para las categorías tradicionales del derecho laboral.
La inteligencia artificial también está ingresando en los procesos de selección de personal. ¿Qué riesgos aparecen en ese tema?
Es un tema que me interesa muchísimo y que vengo investigando desde hace tiempo. En la Argentina todavía no se utiliza con la misma intensidad que en otras partes del mundo, pero ya existen casos judicializados en Estados Unidos relacionados con sistemas de inteligencia artificial utilizados para seleccionar personal. Se ha planteado que esos sistemas pueden terminar dejando afuera a determinadas personas de manera discriminatoria.
Fuera del trabajo también convivimos cada vez más con la IA: deepfakes, generación de imágenes, clonación de voces, recolección de datos. ¿Estamos preparados para esto?
Creo que la inteligencia artificial, bien utilizada, es una superherramienta. Puede permitirnos avanzar muchísimo en una gran cantidad de actividades. Pero para aprovecharla correctamente necesitamos una alfabetización profunda y prudente. Tenemos que conocer mejor cómo funcionan estas herramientas y comprender que también existen usos maliciosos.
El deepfake es un buen ejemplo. Hoy todavía podemos detectar algunas imágenes o videos artificiales porque encontramos errores o detalles extraños. Pero son sistemas que se perfeccionan constantemente. Los cambios que vemos de un año a otro son impresionantes. No sabemos cuál será su techo ni hasta cuándo podremos distinguir fácilmente lo real de lo artificial.
Y mientras la tecnología acelera, las leyes parecen avanzar mucho más despacio.
Exactamente. La regulación siempre corre detrás. Primero aparece la tecnología, empieza a mostrar sus posibilidades, se modifica, mejora y se transforma. La regulación necesita procesos completamente diferentes y otros tiempos.
Por eso no hay una respuesta única ni mágica. Son tecnologías que cambian continuamente y todos los días nos encontramos con nuevas posibilidades, algunas positivas y otras negativas.
Hay además una paradoja: nunca tuvimos un acceso tan sencillo a tecnologías tan poderosas. Muchas incluso parecen gratuitas.
Creo que la inteligencia artificial, bien utilizada, es una superherramienta. Puede permitirnos avanzar muchísimo en una gran cantidad de actividades. Pero para aprovecharla correctamente necesitamos una alfabetización profunda y prudente. Tenemos que conocer mejor cómo funcionan estas herramientas y comprender que también existen usos maliciosos.
El deepfake es un buen ejemplo. Hoy todavía podemos detectar algunas imágenes o videos artificiales porque encontramos errores o detalles extraños. Pero son sistemas que se perfeccionan constantemente. Los cambios que vemos de un año a otro son impresionantes. No sabemos cuál será su techo ni hasta cuándo podremos distinguir fácilmente lo real de lo artificial.
Y mientras la tecnología acelera, las leyes parecen avanzar mucho más despacio.
Exactamente. La regulación siempre corre detrás. Primero aparece la tecnología, empieza a mostrar sus posibilidades, se modifica, mejora y se transforma. La regulación necesita procesos completamente diferentes y otros tiempos.
Por eso no hay una respuesta única ni mágica. Son tecnologías que cambian continuamente y todos los días nos encontramos con nuevas posibilidades, algunas positivas y otras negativas.
Hay además una paradoja: nunca tuvimos un acceso tan sencillo a tecnologías tan poderosas. Muchas incluso parecen gratuitas.
La inteligencia artificial como concepto no apareció en 2023. Se remonta a la década de 1950. Lo que sucedió en los últimos años es que se democratizó. Cualquiera de nosotros puede acceder hoy a sistemas de este tipo. Eso tiene enormes ventajas, pero también nos obliga a entender qué herramientas estamos utilizando.
Hace 30, 40 o 50 años eran tecnologías mucho más cerradas, desconocidas para la mayoría de las personas y muy complejas de desarrollar. Ahora están al alcance de la mano y algunas parecen incluso gratuitas. Pero sabemos que nada es completamente gratuito.
Cuando interactuamos con estos sistemas, conversamos con ellos y les proporcionamos información, nuestros datos pueden formar parte del funcionamiento y perfeccionamiento de esas plataformas. Por eso debemos comprender que detrás del libre acceso también puede existir un costo asociado a nuestros datos y a la información que proporcionamos.
Pasemos a tu profesión. ¿La inteligencia artificial es simplemente una nueva herramienta para los abogados o estamos ante una transformación más profunda del ejercicio del Derecho?
En la Argentina su utilización cotidiana por parte de los profesionales todavía no es tan masiva. Pero en otros países ya hemos visto casos de abogados que utilizaron inteligencia artificial, recibieron una respuesta, no la controlaron y presentaron directamente ese material ante los tribunales con errores graves. El profesional no puede confiar ciegamente en estos sistemas.
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial puede mejorar muchísimo nuestro trabajo. Puede ser muy útil en tareas repetitivas, redacción, organización de información, análisis de jurisprudencia o búsqueda y procesamiento de fuentes. Pero necesita sí o sí del control humano y del ojo humano. No podemos pedirle algo a una herramienta, recibir el resultado y aceptar ese paquete sin ningún tipo de revisión profesional.
En la Argentina su utilización cotidiana por parte de los profesionales todavía no es tan masiva. Pero en otros países ya hemos visto casos de abogados que utilizaron inteligencia artificial, recibieron una respuesta, no la controlaron y presentaron directamente ese material ante los tribunales con errores graves. El profesional no puede confiar ciegamente en estos sistemas.
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial puede mejorar muchísimo nuestro trabajo. Puede ser muy útil en tareas repetitivas, redacción, organización de información, análisis de jurisprudencia o búsqueda y procesamiento de fuentes. Pero necesita sí o sí del control humano y del ojo humano. No podemos pedirle algo a una herramienta, recibir el resultado y aceptar ese paquete sin ningún tipo de revisión profesional.
¿La IA ya está llegando a los poderes judiciales argentinos?
Sí. En poderes judiciales de distintas provincias se vienen desarrollando sistemas que, por ejemplo, pueden proporcionar determinadas respuestas a usuarios y profesionales. También se está trabajando en cuestiones como la anonimización de datos. Pensemos que los poderes judiciales manejan información de cientos de miles de personas. La protección de esos datos es extremadamente delicada.
Una vulneración de los sistemas podría dejar accesible una enorme cantidad de información. Por eso la incorporación de estas tecnologías ofrece oportunidades, pero requiere también muchísimos cuidados.
Formás parte del Centro de Estudios sobre Derecho y Nuevas Tecnologías de la UNR. ¿Qué papel pueden cumplir estos espacios frente a cambios tan rápidos?
El Centro nació en los años 2022-2023 y es un desprendimiento del Centro de Investigación en Derecho y Lingüística. Tiene una conexión, porque cuando trabajamos con IA y otros sistemas, siempre estamos trabajando con la palabra.
Nuestro objetivo es investigar, pero también divulgar. Tratamos de comprender qué está ocurriendo con las nuevas tecnologías y traducir esas discusiones para que puedan acercarse tanto los profesionales como la ciudadanía.
Por ejemplo, el año pasado realizamos una jornada destinada a adolescentes sobre huella digital y sobre lo que significa exponerse permanentemente en redes sociales. Hay información que una persona publica y que puede permanecer durante muchísimo tiempo en Internet.
Para el mes de octubre estamos proyectando hacer una jornada práctica de capacitación. La idea es que los abogados y estudiantes de abogacía se acerquen, por lo menos, para tener un primer pantallazo. Existe todavía mucho profesional que mira a la inteligencia artificial con cierto recelo o desconfianza. Por eso nos interesa mostrar cómo aprovechar estas herramientas y, al mismo tiempo, cuáles son los cuidados necesarios. La idea es, de alguna manera, bajar estas cuestiones a tierra.
Esa misma intención aparece en tu proyecto Derecho y Algoritmo. ¿Por qué decidiste crear un canal de divulgación jurídica?
Porque estoy convencido de que estas temáticas necesitan divulgación. Hoy el acceso a la información es muy diferente al de hace diez o veinte años. Cualquiera puede ingresar a YouTube o navegar por distintos sitios para informarse. Pero me interesa particularmente divulgar los temas en los que trabajo: derecho laboral, derecho colectivo, nuevas tecnologías, inteligencia artificial y todas las conexiones que aparecen entre ellos.
Mi canal es un proyecto independiente y bastante artesanal, con videos cortos de 5-10 minutos. La idea es que una persona no necesite ser experta ni abogada para poder acercarse, mirar un video y comprender un poco mejor qué está sucediendo.
Para terminar: ¿hacia dónde creés que va la profesión jurídica en estos tiempos de inteligencia artificial?
Si miramos la historia del trabajo, las grandes transformaciones tecnológicas siempre produjeron cambios. Algunas actividades desaparecieron y surgieron otras nuevas. Creo que con la inteligencia artificial ocurrirá algo parecido. No pienso que vaya a reemplazar al ser humano en el trabajo, pero sí va a modificar muchos aspectos de nuestras actividades.
La abogacía no queda fuera de ese proceso. La IA es una superherramienta que los abogados deberíamos aprender a utilizar y aprovechar con conciencia y respeto. La experticia profesional, el conocimiento y el ojo humano tienen que seguir interviniendo en el producto final.
No diría “adaptarse o morir”, porque me parece exagerado. Pero sí creo que el abogado que no se acerque a la inteligencia artificial y a las nuevas tecnologías puede ir quedando rezagado frente a quienes ya están aprendiendo a utilizarlas.
En algún momento los abogados pasaron de la máquina de escribir a la computadora, y después incorporaron el correo electrónico, el teléfono inteligente y WhatsApp. La inteligencia artificial representa un cambio mucho más disruptivo y abarcativo, pero también nos exige adaptación.
Sí. En poderes judiciales de distintas provincias se vienen desarrollando sistemas que, por ejemplo, pueden proporcionar determinadas respuestas a usuarios y profesionales. También se está trabajando en cuestiones como la anonimización de datos. Pensemos que los poderes judiciales manejan información de cientos de miles de personas. La protección de esos datos es extremadamente delicada.
Una vulneración de los sistemas podría dejar accesible una enorme cantidad de información. Por eso la incorporación de estas tecnologías ofrece oportunidades, pero requiere también muchísimos cuidados.
Formás parte del Centro de Estudios sobre Derecho y Nuevas Tecnologías de la UNR. ¿Qué papel pueden cumplir estos espacios frente a cambios tan rápidos?
El Centro nació en los años 2022-2023 y es un desprendimiento del Centro de Investigación en Derecho y Lingüística. Tiene una conexión, porque cuando trabajamos con IA y otros sistemas, siempre estamos trabajando con la palabra.
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Para el mes de octubre estamos proyectando hacer una jornada práctica de capacitación. La idea es que los abogados y estudiantes de abogacía se acerquen, por lo menos, para tener un primer pantallazo. Existe todavía mucho profesional que mira a la inteligencia artificial con cierto recelo o desconfianza. Por eso nos interesa mostrar cómo aprovechar estas herramientas y, al mismo tiempo, cuáles son los cuidados necesarios. La idea es, de alguna manera, bajar estas cuestiones a tierra.
Esa misma intención aparece en tu proyecto Derecho y Algoritmo. ¿Por qué decidiste crear un canal de divulgación jurídica?
Porque estoy convencido de que estas temáticas necesitan divulgación. Hoy el acceso a la información es muy diferente al de hace diez o veinte años. Cualquiera puede ingresar a YouTube o navegar por distintos sitios para informarse. Pero me interesa particularmente divulgar los temas en los que trabajo: derecho laboral, derecho colectivo, nuevas tecnologías, inteligencia artificial y todas las conexiones que aparecen entre ellos.
Mi canal es un proyecto independiente y bastante artesanal, con videos cortos de 5-10 minutos. La idea es que una persona no necesite ser experta ni abogada para poder acercarse, mirar un video y comprender un poco mejor qué está sucediendo.
Para terminar: ¿hacia dónde creés que va la profesión jurídica en estos tiempos de inteligencia artificial?
Si miramos la historia del trabajo, las grandes transformaciones tecnológicas siempre produjeron cambios. Algunas actividades desaparecieron y surgieron otras nuevas. Creo que con la inteligencia artificial ocurrirá algo parecido. No pienso que vaya a reemplazar al ser humano en el trabajo, pero sí va a modificar muchos aspectos de nuestras actividades.
La abogacía no queda fuera de ese proceso. La IA es una superherramienta que los abogados deberíamos aprender a utilizar y aprovechar con conciencia y respeto. La experticia profesional, el conocimiento y el ojo humano tienen que seguir interviniendo en el producto final.
No diría “adaptarse o morir”, porque me parece exagerado. Pero sí creo que el abogado que no se acerque a la inteligencia artificial y a las nuevas tecnologías puede ir quedando rezagado frente a quienes ya están aprendiendo a utilizarlas.
En algún momento los abogados pasaron de la máquina de escribir a la computadora, y después incorporaron el correo electrónico, el teléfono inteligente y WhatsApp. La inteligencia artificial representa un cambio mucho más disruptivo y abarcativo, pero también nos exige adaptación.
Tenemos que empezar a tomarla en serio y no pensar que llegó como una moda pasajera. La vemos mejorar, ampliarse y alcanzar cada vez más actividades. Hay que aprender a aprovecharla.
Video de la entrevista
Redes
Canal Derecho y Algoritmo: youtube.com/@DerechoyAlgoritmo
Substack: derechoyalgoritmo.substack.com/
Soy bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Máster en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature. Coach en Reinvención Escuela Hacer Historia - UMSA.
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