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| Sergiu Pasca, líder del equipo de investigación (Foto: Stanford Report) |
El pasado lunes 14 de septiembre, Sergiu Pasca dio una conferencia de prensa para anunciar los resultados de un trabajo científico que ya está disponible en la última edición de la revista Nature.
El anuncio, y el trabajo, no eran sobre un tema menor. El laboratorio que lidera logró implantar células de la corteza cerebral humana en el cerebro de un ratón. No cualquier ratón, sino ratones modificados genéticamente para que carecieran de su propia corteza cerebral y su hipocampo.
El desarrollo de estos ratones llamados xenocorticales (xeno: ajeno, extraño) fue el resultado de muchos años de investigación. Pasca es profesor de psiquiatría y ciencias del comportamiento en la Universidad de Stanford y su laboratorio trabaja desde hace casi dos décadas en estudiar las causas biológicas de desórdenes psiquiátricos, especialmente en su inicio. Los avances para comprender estos procesos a niveles celular y molecular han sido lentos, especialmente cuando lo que se busca es desarrollar tratamientos efectivos.
Como expresó durante la conferencia de prensa, la psiquiatría es una de las ramas de la medicina donde se han registrado menor cantidad de avances. “El desarrollo de tratamientos para un órgano se correlaciona directamente con las posibilidades de acceso a ese órgano”, dice el investigador. Su laboratorio ha trabajado históricamente para sortear esta imposibilidad, a través del desarrollo de distintas metodologías.
Una de estas técnicas consiste en crecer distintos tipos de células cerebrales en placas, para poder realizar estudios. Así es como surgen los organoides, cultivos celulares tridimensionales que se asemejan a regiones específicas del cerebro tales como la corteza cerebral o la médula espinal.
Si bien estos cultivos sirven en distintas situaciones, hay un problema. Las células no están en un entorno como el que brinda un cerebro humano, sino creciendo sobre una placa de plástico. Aunque en algunos casos esta metodología puede servir, también es cierto que los investigadores necesitaban nuevos desarrollos si querían responder otro tipo de preguntas.


















