jueves, 19 de marzo de 2026

Cuando la ciencia incomoda al negocio (y viceversa): aprendizajes desde adentro del mundo biotech

El crecimiento de las nuevas empresas biotecnológicas (startups biotech) depende, en gran medida, de la relación entre ciencia y finanzas dentro del emprendimiento. La asesora Lucía Curti nos cuenta algunas pautas a tener en cuenta para que la comunicación entre ambos sectores sea fluida permitiendo compartir un hoja de ruta fructífera.

Comunicación clara entre ciencia y finanzas: la base para una alianza exitosa

Por Claudio Pairoba

Hay conversaciones que no suelen darse. Al menos no en voz alta. En el ecosistema de las startups biotecnológicas, una de ellas está flotando en el ambiente todos los días y refleja la tensión entre quienes hacen ciencia y quienes hacen negocio.

No es un conflicto explícito. No hay discusiones permanentes ni desacuerdos visibles. Pero está ahí, operando en silencio, condicionando decisiones, ritmos y, muchas veces, el destino mismo de los proyectos.

A partir de una conversación con Lucía Curti (genetista y asesora de startups biotech), emerge una idea tan simple como potente: el problema no es la tensión, sino no hacerla visible, no trabajarla, no traducirla.

Lucía en el laboratorio y hoy como asesora de empresas biotecnológicas

La tensión que nadie nombra
En toda startup científica conviven dos lógicas. Por un lado, la necesidad de avanzar, mostrar resultados y construir una narrativa convincente para inversores. Por el otro, la exigencia de validar, controlar variables y moverse con cautela frente a la incertidumbre.

Ambas dimensiones son necesarias. Pero cuando no dialogan, aparece la fricción.

Curti lo plantea con claridad: más que un conflicto entre personas, lo que suele fallar es la alineación de expectativas. Esa desalineación no irrumpe de golpe; se construye en silencios, en interpretaciones distintas de una misma reunión, en decisiones que no se explicitan. El resultado es una brecha que crece con el tiempo: mientras el negocio avanza, comunica y promete, la ciencia puede quedar rezagada, aún en proceso de validación.

Lo interesante es que no se trata de eliminar esa tensión —porque es inherente al proceso— sino de gestionarla. Y eso exige algo poco sofisticado, pero profundamente desafiante: detenerse a hablar, a traducir, a sintonizar interpretaciones para verificar qué entendió cada uno después de cada instancia clave. En ese ejercicio, muchas veces se descubre que no se estaba hablando exactamente de lo mismo.

El mito de que más datos siempre ayudan
Uno de los puntos más provocadores aparece cuando se cuestiona una de las bases del trabajo científico: validar antes de avanzar.

En el ámbito académico, acumular evidencia es sinónimo de rigurosidad. Sin embargo, en el contexto de una startup, esa misma lógica puede volverse un obstáculo. Curti advierte que insistir en generar más y más datos no siempre reduce la incertidumbre; en ocasiones, simplemente posterga decisiones que incomodan.

El riesgo, entonces, no es la falta de información, sino el exceso de cautela. Permanecer demasiado tiempo en la fase de validación puede implicar un costo alto en recursos y, sobre todo, en oportunidad. Avanzar, en este contexto, requiere una forma distinta de confianza: no en la certeza absoluta —que rara vez existe— sino en el propio conocimiento de la tecnología y en la capacidad de discernir cuáles son los puntos verdaderamente críticos.

En esa línea, propone incorporar estrategias menos habituales en la academia, como el desarrollo de caminos paralelos. Pensar no solo en un plan principal, sino en alternativas que puedan activarse rápidamente si el escenario cambia. Esta lógica, más cercana al mundo empresarial, permite sostener el movimiento incluso en condiciones de incertidumbre. 

Los tiempos de la ciencia y las finanzas pueden estar
desfasados creando tensiones peligrosas

Cuando el negocio no entiende a la ciencia
Del otro lado, quienes vienen del mundo de los negocios también enfrentan un desafío significativo: comprender cómo se construye el conocimiento científico.

La ciencia no opera en términos absolutos. Sus afirmaciones son, por definición, condicionales. Y ese matiz —natural para un investigador— puede resultar desconcertante en un entorno que busca certezas para tomar decisiones.

Aquí aparece una de las tensiones más sutiles: la expectativa de respuestas claras frente a un sistema que, en esencia, trabaja con probabilidades. Pretender eliminar esa ambigüedad no solo es inviable, sino que puede erosionar la confianza dentro del equipo.

Algo similar ocurre con la presión por acelerar procesos. La intuición empresarial suele asociar más recursos o mayor exigencia con resultados más rápidos. Sin embargo, en biología, los tiempos tienen una lógica propia. No todo puede comprimirse. Comprender esto no implica resignar eficiencia, sino ajustar las expectativas al funcionamiento real del sistema.

A esto se suma otro punto crítico: las conversaciones sobre temas regulatorios. Muchas veces postergadas por su complejidad, en realidad forman parte del diseño mismo del desarrollo. Ignorarlas o diferirlas no las elimina; simplemente traslada el problema hacia adelante, donde suele ser más costoso.

 

La presión de los inversores no implica aceleración de procesos

El desafío de hacer ciencia desde Argentina
En este escenario, Argentina presenta un caso interesante. Existe una base científica sólida, una comunidad en crecimiento y una capacidad notable de adaptación. Sin embargo, esas fortalezas conviven con limitaciones estructurales.

El acceso al capital es una de ellas, pero no la única. También pesa la dificultad para insertarse en el mapa global. Como señala Curti, muchas veces el problema no es la calidad del proyecto, sino su visibilidad.

En ese punto, la comunicación se vuelve central. No alcanza con desarrollar buena ciencia; es necesario saber contarla, traducirla a un lenguaje que pueda ser comprendido —y valorado— por quienes toman decisiones de inversión. El manejo del idioma inglés también es un requisito de peso.

De allí surge la necesidad de perfiles híbridos: personas capaces de moverse con soltura entre el laboratorio y la estrategia, entre la evidencia y la narrativa. Sin esa integración, el riesgo es que ambos mundos avancen en paralelo sin encontrarse plenamente.

Estar listos cuando aparece la oportunidad
En algunos casos, el contexto puede acelerar todo de manera inesperada. Una tecnología en desarrollo durante años puede volverse, de un momento a otro, exactamente lo que el mundo necesita.

Eso fue lo que pasó en 2019 cuando de manera totalmente inesperada, el equipo integrado por Lucía se encontró con la oportunidad de vender su empresa CASPR Biotech. “Hubo un contexto particular que ayudó”, comienza a contarnos Lucía.

El equipo armó la startup con el objetivo de desarrollar métodos de diagnóstico usando la tecnología CRISPR-Cas9 que permite modificar, insertar o eliminar material genético en el ADN.

“Teníamos una herramienta para detección de virus y bacterias que funcionaba a temperatura ambiente y en menos de cinco minutos”, explica.

En marzo de 2020 se declara la pandemia de COVID-19 y el mundo necesitaba una metodología para detección que fuera rápida y adaptable. Pero ya a fines del 2019 se había empezado a hablar del coronavirus. Esto llevó a que el equipo se alineara y clarificara objetivos para luego dividirse en dos grupos: uno se dedicó a optimizar el sistema para realizar los primeros testeos con lo que ya tenían. El otro se enfocó en recolectar capital para llevar el producto a los EE.UU. y escalarlo.

Finalmente pudieron presentar todo lo necesario ante la FDA y demostrar que eran capaces de generar un kit de detección tan necesario en ese momento.

 Equipos alineados y preparación son claves para
aprovechar oportunidades 

Mientras buscaban inversores, tocaron una puerta. La respuesta fue sorprendente: “No vamos a invertir. Los queremos comprar”. De esa manera, durante seis meses se dedicaron al proceso de interacción con Amazon para concretar la venta en diciembre del 2020.

Pero más allá de esta experiencia exitosa, Lucía reflexiona en que la existencia de una oportunidad no garantiza su aprovechamiento. Lo que marca la diferencia es la preparación.

Cuando ciencia y negocio están alineados (como nos cuenta en su ejemplo) y existe una lectura compartida del momento con capacidad de acción coordinada, es posible reaccionar con rapidez. En ese tipo de escenarios, lo extraordinario no es solo el evento externo, sino la capacidad interna de responder.

A veces, los resultados superan cualquier planificación inicial. Lo que comienza como una búsqueda de inversión puede transformarse en una oportunidad completamente distinta. Pero, nuevamente, sin alineación previa, ese tipo de desenlaces difícilmente se materialice. 

Salir, exponerse, incomodarse
Hacia el final, la reflexión de Lucía se desplaza hacia el plano individual. Más allá de estrategias y modelos, hay una invitación clara: salir del entorno conocido.

Para quienes vienen de la ciencia, esto implica algo más que cambiar de contexto. Supone exponerse a otras lógicas, a otras preguntas, a otras formas de evaluar el valor de una idea. Implica, también, aceptar la crítica de quienes no comparten el mismo lenguaje ni los mismos criterios.

Ese proceso no es cómodo. Pero es profundamente transformador.

Porque es en ese cruce —entre lo conocido y lo incierto— donde se amplía la mirada. Donde aparecen nuevas conexiones y una idea empieza a adquirir dimensión real.

Y, quizás lo más importante, donde se vuelve posible reconocer que no tener todas las respuestas no es una debilidad, sino parte esencial del camino.

Familizarse con espacios y audiencias fuera del laboratorio
es una gimnasia necesaria para los científicos que emprenden

Traducir para avanzar
En última instancia, todo vuelve a una misma necesidad: la traducción.

Traducir entre disciplinas, entre tiempos, entre expectativas. No para simplificar la complejidad, sino para hacerla compartible.

En el mundo biotech, la innovación no ocurre solo en el laboratorio ni exclusivamente en el mercado. Ocurre en ese espacio intermedio, donde distintas formas de pensar se encuentran, se tensionan y, finalmente, logran construir un lenguaje común.

Es allí donde las ideas dejan de ser hipótesis y comienzan, lentamente, a convertirse en realidad.

Video de la entrevista

Claudio Pairoba es bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Máster en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature.
Coach Transformacional Escuela Hacer Historia.

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