La startup Protiva busca producir colorantes textiles a partir de bacterias para reemplazar a los tintes tradicionales derivados del petróleo. Un giro para una industria tradicional que necesita a abrir caminos sostenibles en base a la innovación tecnológica.
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| Gonzalo Pulka cofundador de Protiva. La búsqueda de colorantes de origen biológico para textiles |
Por Claudio Pairoba
Cada vez que compramos una remera, un jean o una campera difícilmente pensemos en el recorrido que hizo ese color antes de llegar a la tela. Sin embargo, detrás de un simple tono azul o negro existe una de las industrias más contaminantes del planeta. El teñido textil consume enormes cantidades de agua, energía y productos químicos, y genera efluentes que representan un serio problema ambiental.
Frente a ese escenario, un grupo de jóvenes científicos e ingenieros argentinos decidió buscar una alternativa completamente distinta. En lugar de fabricar colorantes a partir del petróleo, pensaron en dejar que el trabajo lo hicieran... las bacterias.
Esa idea dio origen a Protiva, una startup biotecnológica que desarrolla pigmentos naturales producidos mediante fermentación bacteriana. Conversamos con Gonzalo Pulka, ingeniero textil (Universidad Tecnológica Nacional) y uno de sus fundadores, para conocer cómo nació el proyecto y cuáles son los desafíos de intentar cambiar una industria global.
Video de la entrevista en mi canal de YouTube.
"La idea apareció casi por casualidad", recuerda Pulka. Uno de los cofundadores visitó una planta de tratamiento de efluentes de una cooperativa textil y quedó impactado por el color, el olor y la contaminación que generaban los residuos del proceso de teñido. "Ahí surgió la pregunta: ¿no debería existir una forma más limpia de producir colorantes?". Esa inquietud terminó convirtiéndose en un proyecto de investigación y, más tarde, en una empresa.
La propuesta de Protiva consiste en reemplazar la síntesis química tradicional por un proceso biológico. Mientras los colorantes convencionales provienen, en su mayoría, de derivados del petróleo, ellos utilizan microorganismos capaces de fabricar pigmentos de manera natural. "Es un proceso muy parecido a una fermentación", explica. "Trabajamos con bacterias que producen los pigmentos dentro de un sistema cerrado, lo que reduce significativamente el impacto ambiental."
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| El equipo Protiva: Emilia Cardoso, Carola Campanelli, Gonzalo Pulka y Esteban Silva |
La idea de usar colorantes naturales no es nueva. Durante años se intentó obtenerlos a partir de plantas, flores, insectos o frutos. El problema siempre fue el mismo: la escala. Para producir cantidades industriales hacen falta enormes volúmenes de materia prima. "Con las bacterias resolvemos justamente ese inconveniente. Podemos producir grandes cantidades mediante fermentación, haciendo que el proceso sea viable para la industria", señala.
Pero no cualquier bacteria sirve para este trabajo. El equipo busca microorganismos capaces de sobrevivir en algunos de los ambientes más extremos de Sudamérica. La Puna argentina y el desierto de Atacama se convirtieron en sus principales laboratorios naturales.
"Trabajamos con bacterias extremófilas", cuenta Pulka. "Son microorganismos acostumbrados a soportar radiación solar muy intensa, temperaturas extremas y condiciones químicas muy agresivas. Es justamente la resistencia que necesitamos para que los pigmentos soporten luego los procesos industriales."
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| Las bacterias aisladas por Protiva crecen en condiciones climáticas extremas |
Hasta el momento el equipo ya aisló más de un centenar de bacterias diferentes y validó varios pigmentos con potencial comercial. El desarrollo más avanzado es un pigmento marrón pensado inicialmente para estampados textiles. Sin embargo, el objetivo final es mucho más ambicioso.
"La industria funciona mezclando colores primarios. Nuestro desafío es construir una paleta completa que permita obtener cualquier color utilizando pigmentos biobasados", explica. Los próximos desarrollos apuntan al negro, el amarillo y luego al resto de los colores fundamentales.
Uno de los aspectos que más destaca Pulka es que la tecnología no busca obligar a las empresas textiles a modificar toda su infraestructura. Todo lo contrario.
"La idea es que una tintorería pueda utilizar nuestros pigmentos exactamente igual que los actuales. Que no tenga que cambiar máquinas, formulaciones ni procesos productivos. Si queremos que la adopción sea rápida, la transición debe ser sencilla."
Aunque Protiva todavía se encuentra en etapa de crecimiento, la empresa ya dio sus primeros pasos comerciales. Su pigmento marrón fue utilizado en colecciones cápsula desarrolladas junto con marcas de moda sustentable. Ahora, el desafío es escalar la producción y llegar a compañías de mayor tamaño.
Pulka reconoce que el interés existe. "Cada vez más empresas buscan soluciones sustentables, sobre todo porque las regulaciones internacionales son cada vez más estrictas. El problema es que muchas veces la realidad económica obliga a priorizar otras urgencias. Por eso también estamos buscando mercados internacionales."
La historia de Protiva tiene mucho de las startups tecnológicas clásicas. Antes de conseguir inversión, los cuatro cofundadores trabajaban durante la semana en sus empleos y dedicaban los sábados completos al proyecto. "Nos juntábamos desde la mañana hasta la noche para avanzar con Protiva", recuerda entre risas.
Recién en octubre de 2024, gracias a una inversión inicial de GridX, pudieron dedicarse de lleno al emprendimiento. Hoy el equipo combina perfiles muy distintos: biología, microbiología, biotecnología, ingeniería textil y desarrollo de negocios. "Esa mezcla es fundamental. La ciencia sola no alcanza; también hay que saber cómo convertirla en una empresa."
Actualmente están buscando una ronda de inversión de 1,7 millones de dólares para ampliar el equipo, escalar la producción y acelerar la llegada a nuevos mercados. Entre ellos aparece India, uno de los mayores productores textiles del planeta y, al mismo tiempo, uno de los países donde la contaminación asociada al teñido constituye un problema ambiental particularmente grave.
"La biotecnología necesita tiempo y mucho capital", explica Pulka. "No es como desarrollar una aplicación informática. Acá trabajamos con organismos vivos y hay procesos biológicos que simplemente no pueden acelerarse."
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| Protiva busca aportar soluciones a un problema ambiental global |
Paradójicamente, el laboratorio donde hoy trabajan sigue teniendo algo del espíritu con el que empezó todo. Funciona en una habitación de la casa de uno de los fundadores. "Somos una verdadera startup de garage", dice.
Mientras tanto, la competencia internacional también avanza. Existen empresas en Argentina, Inglaterra y Francia que exploran caminos similares. Lejos de verlo como una amenaza, Pulka interpreta que es una señal alentadora.
"El mercado es enorme y la necesidad también. Si cada vez aparecen más empresas trabajando en este tema, significa que la industria realmente necesita cambiar."
Quizás ese sea el mayor mensaje que deja Protiva. Detrás de una simple remera hay un desafío científico, tecnológico y ambiental enorme. Y es posible que el futuro del color ya no dependa del petróleo, sino de microorganismos que durante millones de años aprendieron a sobrevivir bajo el sol implacable de la Puna y del desierto de Atacama.
Soy bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Máster en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature. Estratega de Reinvención Escuela Hacer Historia - UMSA.
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