Luján Perotti, fonoaudióloga, cantante y directora coral, propone una mirada integral de la voz: del arco del pie al nervio vago, del arte a la salud.
El 25 de abril comienza el posgrado “Cuerpo y voz: una mirada integral a la expresión hablada y cantada”. El mismo consistirá de un encuentro mensual en la Facultad de Cs. Médicas de Rosario (Santa Fe 3100) los días sábados durante ocho meses y estará a cargo de la fonoaudióloga Luján Perotti y el kinesiólogo Mirko Giordano. Charlamos con Luján sobre este posgrado así como sobre la celebración de los 15 años de Agrupación Coral Ad Libitum, espacio que dirige y donde pone en práctica su mirada integral de la voz.
Una pregunta incómoda: ¿cantamos con la garganta?
“Si tuviéramos que responder rápido, diríamos que no. Pero incluso si lo fuera, esa ‘garganta’ forma parte de un todo que no puede aislarse”. Así comienza a desplegar su mirada Luján Perotti, fonoaudióloga, cantante, docente y directora coral. Su punto de partida es tan simple como disruptivo: la voz no es un fenómeno local, sino sistémico.
La laringe —ese pequeño órgano al que solemos reducir la voz— está atravesada por fuerzas que involucran a todo el cuerpo. Desde la postura hasta el apoyo del pie, todo influye en cómo suena una persona.
“Podemos irnos al extremo: cómo apoyo el dedo gordo del pie termina impactando en la posición de la laringe. Entonces ya no puedo pensar la voz de manera aislada”, resume. Pero la propuesta va aún más lejos: no se trata solo de biomecánica.
“Si tuviéramos que responder rápido, diríamos que no. Pero incluso si lo fuera, esa ‘garganta’ forma parte de un todo que no puede aislarse”. Así comienza a desplegar su mirada Luján Perotti, fonoaudióloga, cantante, docente y directora coral. Su punto de partida es tan simple como disruptivo: la voz no es un fenómeno local, sino sistémico.
La laringe —ese pequeño órgano al que solemos reducir la voz— está atravesada por fuerzas que involucran a todo el cuerpo. Desde la postura hasta el apoyo del pie, todo influye en cómo suena una persona.
“Podemos irnos al extremo: cómo apoyo el dedo gordo del pie termina impactando en la posición de la laringe. Entonces ya no puedo pensar la voz de manera aislada”, resume. Pero la propuesta va aún más lejos: no se trata solo de biomecánica.
La voz como fenómeno biológico y social
Perotti plantea que la voz también está atravesada por dimensiones culturales, históricas y sociales. “El momento generacional, la sociedad en la que nacimos, las ideas de lo que es ‘femenino’ o ‘masculino’, todo eso modela la voz”.
Un ejemplo claro: en la Argentina de los años 40, una mujer con voz grave podía ser percibida como poco femenina. Hoy, esos parámetros están en transformación. También influyen las modas, los referentes artísticos y, algo más profundo: la pertenencia.
“Hay un impulso muy primitivo de pertenecer a un grupo. Si mi voz se aleja demasiado de ese ‘clan’, aparece una tensión. Por eso vemos tendencias: voces más nasales, ciertos timbres, formas de hablar o cantar que se imitan”.
La voz, entonces, no solo expresa identidad: también negocia aceptación.
¿Qué se perdió en el canto contemporáneo?
En un momento de la conversación reflexionamos acerca de la espectacularización del canto. Hoy, en muchos géneros populares, el virtuosismo técnico parece haber ganado terreno sobre la expresión emocional o la visibilidad de algunos tipos de voces. “Hay como una hegemonía de ciertas voces —retoma Perotti—. Si no llegás al agudo, parece que no cantás”.
Sin embargo, esa hegemonía cambia con el tiempo. Hubo épocas dominadas por voces agudas masculinas; hoy empiezan a aparecer registros más graves. “Tipos de voces hay infinitos. A veces coincidís con la moda y a veces no. Pero esa diversidad es la que enriquece la expresión artística”.
Hablar o cantar: ¿dos mundos distintos?
La distinción entre voz hablada y cantada existe, pero no en el punto de partida. “Siguen siendo una voz que sale de un cuerpo. Y ese cuerpo tiene que estar disponible”, reflexiona Luján. Tanto quien habla como quien canta necesita trabajar postura, respiración, resonancias y registro. Luego, claro, aparecen diferencias técnicas: afinación en el canto, matices emocionales en el habla.
Pero la base es la misma: un cuerpo funcional, disponible y entrenado.
Patologías: ¿corregir o “refuncionalizar”?
En el terreno clínico, Perotti propone un cambio de paradigma. Más que “corregir” o “curar”, prefiere hablar de refuncionalizar.
“Me interesa pensar cómo devolverle la función a un cuerpo que la perdió. No tanto etiquetar o corregir”. En este enfoque, los síntomas no son enemigos a eliminar, sino señales a interpretar.
“Muchas veces la sintomatología tiene un ‘para qué’: proteger la vía aérea, por ejemplo. Si me peleo con la biología, a la larga pierdo”. Esto implica también revisar el concepto de compensación. No todas son negativas.
“A veces el cuerpo compensa para proteger. La pregunta es: ¿qué está intentando resolver?”
El sistema nervioso entra en escena
Uno de los ejes más actuales de su trabajo es la relación entre voz y sistema nervioso. Aquí aparece el protagonista inesperado: el nervio vago.
“El vago ventral nos permite entrar en estado de reposo: digerir, dormir, regenerar tejidos. Pero vivimos en una activación constante”, explica la fonoaudióloga. El problema no es la activación en sí —necesaria para la vida cotidiana—, sino la falta de oscilación.
“Si vivimos en alerta permanente, el cuerpo empieza a fallar: problemas digestivos, bruxismo, insomnio, tensión muscular”, agrega. En ese contexto, la respiración y la voz se vuelven herramientas clave de regulación.
“El canto es un gran activador del nervio vago. Por eso el espacio artístico puede ser profundamente terapéutico”, concluye sobre este punto. No en el sentido médico estricto, sino como mejora de la calidad de vida.
Perotti plantea que la voz también está atravesada por dimensiones culturales, históricas y sociales. “El momento generacional, la sociedad en la que nacimos, las ideas de lo que es ‘femenino’ o ‘masculino’, todo eso modela la voz”.
Un ejemplo claro: en la Argentina de los años 40, una mujer con voz grave podía ser percibida como poco femenina. Hoy, esos parámetros están en transformación. También influyen las modas, los referentes artísticos y, algo más profundo: la pertenencia.
“Hay un impulso muy primitivo de pertenecer a un grupo. Si mi voz se aleja demasiado de ese ‘clan’, aparece una tensión. Por eso vemos tendencias: voces más nasales, ciertos timbres, formas de hablar o cantar que se imitan”.
La voz, entonces, no solo expresa identidad: también negocia aceptación.
¿Qué se perdió en el canto contemporáneo?
En un momento de la conversación reflexionamos acerca de la espectacularización del canto. Hoy, en muchos géneros populares, el virtuosismo técnico parece haber ganado terreno sobre la expresión emocional o la visibilidad de algunos tipos de voces. “Hay como una hegemonía de ciertas voces —retoma Perotti—. Si no llegás al agudo, parece que no cantás”.
Sin embargo, esa hegemonía cambia con el tiempo. Hubo épocas dominadas por voces agudas masculinas; hoy empiezan a aparecer registros más graves. “Tipos de voces hay infinitos. A veces coincidís con la moda y a veces no. Pero esa diversidad es la que enriquece la expresión artística”.
Hablar o cantar: ¿dos mundos distintos?
La distinción entre voz hablada y cantada existe, pero no en el punto de partida. “Siguen siendo una voz que sale de un cuerpo. Y ese cuerpo tiene que estar disponible”, reflexiona Luján. Tanto quien habla como quien canta necesita trabajar postura, respiración, resonancias y registro. Luego, claro, aparecen diferencias técnicas: afinación en el canto, matices emocionales en el habla.
Pero la base es la misma: un cuerpo funcional, disponible y entrenado.
Patologías: ¿corregir o “refuncionalizar”?
En el terreno clínico, Perotti propone un cambio de paradigma. Más que “corregir” o “curar”, prefiere hablar de refuncionalizar.
“Me interesa pensar cómo devolverle la función a un cuerpo que la perdió. No tanto etiquetar o corregir”. En este enfoque, los síntomas no son enemigos a eliminar, sino señales a interpretar.
“Muchas veces la sintomatología tiene un ‘para qué’: proteger la vía aérea, por ejemplo. Si me peleo con la biología, a la larga pierdo”. Esto implica también revisar el concepto de compensación. No todas son negativas.
“A veces el cuerpo compensa para proteger. La pregunta es: ¿qué está intentando resolver?”
El sistema nervioso entra en escena
Uno de los ejes más actuales de su trabajo es la relación entre voz y sistema nervioso. Aquí aparece el protagonista inesperado: el nervio vago.
“El vago ventral nos permite entrar en estado de reposo: digerir, dormir, regenerar tejidos. Pero vivimos en una activación constante”, explica la fonoaudióloga. El problema no es la activación en sí —necesaria para la vida cotidiana—, sino la falta de oscilación.
“Si vivimos en alerta permanente, el cuerpo empieza a fallar: problemas digestivos, bruxismo, insomnio, tensión muscular”, agrega. En ese contexto, la respiración y la voz se vuelven herramientas clave de regulación.
“El canto es un gran activador del nervio vago. Por eso el espacio artístico puede ser profundamente terapéutico”, concluye sobre este punto. No en el sentido médico estricto, sino como mejora de la calidad de vida.
El coro como laboratorio social
La experiencia de Luján como directora de Ad Libitum aporta una dimensión colectiva. El grupo, que cumple 15 años, nació como un espacio de exploración entre arte y salud.
“Yo iba probando todo lo que estudiaba. Siempre digo que son mis conejillos de indias”, comenta. Pero con el tiempo, el proyecto cobró vida propia.
“Es como un sistema nervioso: el director orienta, pero el grupo regula y devuelve. Hay un diálogo constante”. Desde la neurociencia, esto tiene fundamento: los cuerpos se sincronizan.
“Se sincronizan los latidos, las ondas cerebrales, los sistemas nerviosos. Cantar juntos genera comunidad desde lo biológico”, describe. El coro, en ese sentido, funciona como una pequeña muestra de sociedad posible.
Del cuidado al rendimiento: un falso dilema
Uno de los cambios más importantes en el ámbito coral —y artístico en general— es el lugar del cuidado. “Al principio tenía miedo de que trabajar la voz ‘le sacara tiempo’ a lo artístico. Hoy veo que es al revés”, recuerda. El entrenamiento corporal y vocal no compite con la expresión: la potencia.
“Cuanto más disponible está el cuerpo, más sutileza aparece en la interpretación”. Esto desafía una lógica muy instalada: la del rendimiento a cualquier costo.
El cuidado de la voz también implica un cambio de paradigma. “Tenemos que salir de la cultura de lo descartable. No somos instrumentos que se usan hasta romperse”, enfatiza.
Un posgrado para integrar lo que está fragmentado
Esta visión se materializa en el posgrado “Cuerpo y voz: una mirada integral a la expresión hablada y cantada”, que Luján dictará junto a Mirko Giordano. El objetivo es claro: integrar saberes. “Venimos de formaciones muy segmentadas. Mucho laringocentrismo. Queremos ampliar la mirada”.
El curso está dirigido a quienes trabajan con el cuerpo y la voz desde la música, la actuación y la danza. También a quienes estén interesados en explorar la mirada propuesta por Luján y Mirko.
“Queremos generar traducción entre lenguajes. El cantante habla en metáforas, el kinesiólogo en músculos. Ahí hay algo muy rico por construir”.
Además, la modalidad presencial no es casual. “Necesitamos vernos, tocarnos, sentir el cuerpo del otro. Sobre todo en un curso que habla del cuerpo”.
La duración —ocho meses, con encuentros mensuales— también apunta a algo clave: el tiempo de asimilación. “No todo se entiende en el momento. Hace falta macerar, probar, volver con preguntas”, añade Luján.
La experiencia de Luján como directora de Ad Libitum aporta una dimensión colectiva. El grupo, que cumple 15 años, nació como un espacio de exploración entre arte y salud.
“Yo iba probando todo lo que estudiaba. Siempre digo que son mis conejillos de indias”, comenta. Pero con el tiempo, el proyecto cobró vida propia.
“Es como un sistema nervioso: el director orienta, pero el grupo regula y devuelve. Hay un diálogo constante”. Desde la neurociencia, esto tiene fundamento: los cuerpos se sincronizan.
“Se sincronizan los latidos, las ondas cerebrales, los sistemas nerviosos. Cantar juntos genera comunidad desde lo biológico”, describe. El coro, en ese sentido, funciona como una pequeña muestra de sociedad posible.
Del cuidado al rendimiento: un falso dilema
Uno de los cambios más importantes en el ámbito coral —y artístico en general— es el lugar del cuidado. “Al principio tenía miedo de que trabajar la voz ‘le sacara tiempo’ a lo artístico. Hoy veo que es al revés”, recuerda. El entrenamiento corporal y vocal no compite con la expresión: la potencia.
“Cuanto más disponible está el cuerpo, más sutileza aparece en la interpretación”. Esto desafía una lógica muy instalada: la del rendimiento a cualquier costo.
El cuidado de la voz también implica un cambio de paradigma. “Tenemos que salir de la cultura de lo descartable. No somos instrumentos que se usan hasta romperse”, enfatiza.
Un posgrado para integrar lo que está fragmentado
Esta visión se materializa en el posgrado “Cuerpo y voz: una mirada integral a la expresión hablada y cantada”, que Luján dictará junto a Mirko Giordano. El objetivo es claro: integrar saberes. “Venimos de formaciones muy segmentadas. Mucho laringocentrismo. Queremos ampliar la mirada”.
El curso está dirigido a quienes trabajan con el cuerpo y la voz desde la música, la actuación y la danza. También a quienes estén interesados en explorar la mirada propuesta por Luján y Mirko.
“Queremos generar traducción entre lenguajes. El cantante habla en metáforas, el kinesiólogo en músculos. Ahí hay algo muy rico por construir”.
Además, la modalidad presencial no es casual. “Necesitamos vernos, tocarnos, sentir el cuerpo del otro. Sobre todo en un curso que habla del cuerpo”.
La duración —ocho meses, con encuentros mensuales— también apunta a algo clave: el tiempo de asimilación. “No todo se entiende en el momento. Hace falta macerar, probar, volver con preguntas”, añade Luján.
Volver a lo simple (aunque no sea fácil)
Hacia el final de la charla, la reflexión se vuelve más amplia. En una sociedad marcada por la exigencia, incluso el bienestar se convierte en mandato. “Hasta el ejercicio físico se volvió una exigencia. Podemos matarnos en el gimnasio y no mejorar la calidad de vida”, agrega la cantante.
La propuesta es otra: volver al disfrute. “Preguntarnos qué cosas nos hacen bien. Desde la alegría, no desde la obligación”. En ese camino, el arte ocupa un lugar central.
“Cantar, pintar, bailar no son hobbies. Son espacios de regulación, de pertenencia, de conexión”, agrega a modo de reflexión final. Y quizás ahí esté el punto más profundo de toda la conversación:
“La voz no es solo lo que suena. Es la forma en que habitamos el cuerpo, el vínculo con los otros y el modo en que atravesamos el mundo”.
Consultas sobre el posgrado: cuerpoyvozposgrado@gmail.com
Más información: https://nuevo.coopmedicasunr.com.ar/cursos/cuerpo-y-voz-una-mirada-integral-a-la-expresion-hablada-y-cantada-2026
Instagram: @cuerpoyvoz.posgrado
Video de la entrevista
Claudio Pairoba es bioquímico, farmacéutico y doctor por la Universidad Nacional de Rosario. Máster en Análisis de Medios de Comunicación y Especialista en Comunicación Ambiental. Miembro de la Escuela de Comunicación Estratégica de Rosario y la Red Argentina de Periodismo Científico. Acreditado con la American Association for the Advancement of Science (Science) y la revista Nature. Coach Transformacional Escuela Hacer Historia.
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