sábado, 20 de marzo de 2010

La caída de la Unión Soviética: ¿quién fue responsable?



Según EconomyWatch.com el siguiente artículo "confirma la teoría de que Gorbachev ganó la Guerra Fría y no Reagan con sus fantasías de “Guerra de las Galaxias”. Por años hemos sido sarcásticamente críticos de la ridícula visión norteamericana (mantenida tanto por demócratas mal informados como por republicanos enceguecidos) de que las fantasías de la “Guerra de las Galaxias” de Reagan habían asustado tanto a los soviéticos que los obligó a mantener un esfuerzo tan grande que finalmente los hizo ir a la bancarrota y colapsar.

Nosotros, en cambio proponíamos que fue la negativa de Gorbachev a continuar los ignominiosos precedentes de sus antecesores e intervenir militarmente cuando el bloque de Europa del Este protestaba, casi siempre pacíficamente, en contra de la dominación soviética de sus países. Este artículo escrito por el profesor de Oxford Archie Brown sintetiza la visión que hemos mantenido por años: “El cambio culminante de la política exterior soviética fue la derrota de la doctrina Brezhnev, según la cual la U.R.S.S. se había arrogado el derecho de intervenir en cualquier país miembro del Pacto de Varsovia en el cual el poder comunista se viera amenazado. En el verano (NT: septentrional) de 1988 y en las Naciones Unidas en Diciembre del mismo año, Gorbachev declaró que la gente de cada país tenía derecho a decidir por sí mismos la clase de sistema en el cual quería vivir. Las enormes implicancias para Europa Oriental, y el hecho de que Gorbachev demostró que hablaba en serio, fueron demostrados en el curso del año 1989”.

Cuando Gorbachev asumió
Por Archie Brown

Tradución por Claudio Pairoba

Cuando el líder soviético Konstantin Chernenko murió en la noche del 10 de Marzo de 1985 y Mikhail Gorbachev fué elegido por el Comité Central del Partido Comunista como su Secretario General menos de 24 horas después, pocos imaginaban las serias reformas que se avecinaban.
Y nadie, incluyendo a Gorbachev mismo, se daba cuenta cuan lejos esa reforma, conocido como Perestroika (reconstrucción), llegaría y cuales serían sus consecuencias.

De todas formas, la elección de Gorbachev 25 años atrás tuvo importancia decisiva. Conocemos los puntos de vista de cada miembro del Politburo al momento de la muerte de Chernenko (a partir de sus memorias, entrevistas y archivos oficiales) y ni siquiera uno de ellos hubiera llevado a cabo la reforma radical del sistema comunista o transformado la política exterior soviética en algo parecido a lo que hizo Gorbachev.
En 1985 no faltaron los expertos listos a declarar que dado que ningún reformista podría llegar a alcanzar el nivel más alto de la escalera política en la Unión Soviética, sería tonto esperar algo más que un cambio cosmético de Gorbachev. Los especialistas en relaciones internacionales, incluyendo ex Ministros de Relaciones Exteriores, cerraron filas para decir que Andrei Gromyko todavía iba a estar manejando la política exterior soviética, así que no había que esperar cambios allí.

Gorbachev no había sido elegido porque fuera un reformista. Además de un significativo discurso en 1984, había dado pocas pistas a sus colegas del Politburo respecto a cuan reformista el estaba preparado para ser. Había mantenido sus puntos de vista más radicales para su círculo más íntimo.

Dentro de ese círculo estaba Alexander Yakovlev, quien en ese momento rondaba la posición 500 en la jerarquía soviética formal. Gorbachev le dió un ascenso acelerado y para Junio de 1987, Yakovlev estaba entre los 5 primeros. Durante aquellos años, Yakovlev fué un influyente aliado en la radicalización de la agenda reformadora soviética. Las propias ideas de Gorbachev, dado su poder institucional, pesaban todavía más. Ambos atravesaron una rápida y más profunda evolución mientras el tuvo el puesto más alto dentro del estado soviético.

Gorbachev fue elegido por el Politburo, y respaldado por el Comité Central, por tres razones principales. La primera fué que con los líderes soviéticos muriendo en rápida sucesión, los funerales estatales anuales se habían convertido en una vergüenza. Incluso, dentro de la oligarchia envejecida, algunos podían ver la necesidad de un líder mas joven y vigoroso. Gorbachev, quien había celebrado su cumpleaños número 54 solo una semana antes, exudaba energía física y mental.

Segundo, aunque Gorbachev tenía enemigos dentro de los líderes, ellos no tenían un candidate alternative plausible. Es más, Gorbachev ya era el segundo secretario del Comité Central y, dado la naturaleza jerárquica del sistema soviético, él podía tomar la iniciativa.

Después se lo acusó de ser indeciso, pero no había nada de titubeo en sus acciones el día que Chernenko murió. El reunió y encabezó una reunión del Politburo esa misma noche y fue designado para liderar la comisión del funeral. Cuando Leonid Brezhnev y Yuri Andropov murieron, ese rol le había sido conferido a la persona que subsecuentemente se convirtió en secretario general. Por lo tanto, Gorbachev fue preseleccionado como líder del partido en las pocas horas que siguieron a la muerte de su predecesor.

El cambio en política exterior que siguió fué dramático. Lejos de continuar dominando la política exterior soviética, Gromyko (quien había sido Ministro de Relaciones Exterioroes desde 1957) fue sacado de ese puesto dentro de los cuatro meses de la llegada de Gorbachev y reemplazado por un neófito en asuntos internacionales, Eduard Shevardnadze.

Dentro del año de haberse convertido en líder soviético, Gorbachev había cambiado la totalidad del equipo de política exterior y comenzado a implementer lo que fué llamado el Nuevo Pensamiento. Esto implicaba aceptar que seguridad real significaba seguridad mutua e interdependencia, acuerdo en reducción de armas, retiro de Afghanistan (uno de los objetivos de Gorbachev desde el principio y totalmente completado para inicios de 1989), y relaciones constructivas con Occidente. Ronald Reagan, quien no había conocido a ninguno de los predecesores de Gorbachev, tuvo un encuentro con él cada año de su segundo término.

El cambio culminante de la política exterior soviética fue la derrota de la doctrina Brezhnev, según la cual la U.R.S.S. se había arrogado el derecho de intervenir en cualquier país miembro del Pacto de Varsovia en el cual el poder comunista se viera amenazado.

En el verano (NT: septentrional) de 1988 y en las Naciones Unidas en Diciembre del mismo año, Gorbachev declaró que la gente de cada país tenía derecho a decidir por sí mismos la clase de sistema en el cual quería vivir. Las enormes implicancias para Europa Oriental, y el hecho de que Gorbachev demostró que hablaba en serio, fueron demostrados en el curso del año 1989.

Dentro de la Unión Soviética, el crecimiento de la libertad de discurso y publicación estuvo acompañada de reformas institucionales. La más destacada muestra de lo expuesto fue la aparición en serie en el mayor diario soviético de la obra “Archipiélago Gulag” de Solzhenitsyn, en 1989. El más destacado ejemplo de las reformas institucionales fue la decisión, en 1988, de tener elecciones para una legislatura con poder real.

En Marzo de 1989 esas elecciones, para el diputados del Congreso Popular, se llevaron a cabo. Aunque fueron solo parcialmente libres, marcaron un quiebre cualitativo con el pasado. Millones de ciudadanos soviéticos pudieron ver en vivo por televisión la cobertura de debates reales durante los procedimientos de la asamblea, incluyendo críticas contra la K.G.B. y los líderes del partido.
Aquellas elecciones también, sin embargo, marcaron el comienzo de la fase de Perestroika cuando dejó de ser una revolución de arriba y se convirtió en un movimiento de abajo que ni Gorbachev si su cada vez más agitados oponentes comunistas conservadores pudieron controlar. Pero eran la nueva tolerancia, la reforma radical y el clima internacional cambiante los que habían creado las expectativas que no podían ser satisfechas.

Si otro miembro del Politburo hubiera sido elegido como lider en Marzo de 1985, la sociedad no hubiera sido politizada y revitalizada como lo fué. Los regímenes altamente autoritarios, cuando están preparados para usar todos los medios de coerción a su disposición, tienen otras formas para mantenerse en el poder, las cuales no incluyen una reforma liberalizadora.

Archie Brown es Professor Emérito de Política en la Universidad de Oxford y el autor del reciente libro “La aparición y caída del comunismo”.

Fuente
http://www.nytimes.com/2010/03/11/opinion/11iht-edbrown.html

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